
San Cristobal de La Laguna * 22/04/2008
A día de hoy, atrás queda toda duda sobre las sorpresas preparadas por el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero. Antes de cuestionar ciertos aspectos del nuevo equipo que gobernará en España durante los próximos cuatro años, y para que no se dude de nuestra disposición y buen talante, queremos dejar claro que todo Gobierno se merece siempre los cien días de confianza (no por ello dejaremos de estar atentos), y por el bien de todos los españoles más nos vale que la elección de Zapatero no sea tan desafortunada como parece.
Dicho esto, no nos queda otra que centrarnos de nuevo en la farsa a la que ya nos tienen acostumbrados los que se llaman socialistas. Insisten en hacernos creer que sus propuestas son las más acertadas por estar cargadas de ciertos matices sociológicos (también culturales, cuando toca), de los cuales, el más lamentable, sin lugar a dudas, es el nuevo Ministerio de Igualdad.
No es que dudemos de las aptitudes de Bibiana Aído como política, pero lo de ser ministro no es algo de andar por casa. Por supuesto que es importante conocer de primera mano los problemas de la juventud (entendemos que por ahí va el enganche de Zapatero), pero no hace falta que sea una persona de 31 años la máxima responsable de las políticas estatales destinadas a los jóvenes. E
n cuanto al contenido de esta nueva cartera, igual los canarios estamos de enhorabuena y aquello de la igualdad no brilla por su ausencia en nuestras islas. A pesar de creer que no es necesario tal ministerio y que probablemente sea otra de las "ocurrencias progresistas" producto del marketing zapateriano, ahora nos entra la duda de que, tal vez, como ha sido el PSOE el único en crear crispación y fomentar la diferencia entre hombres y mujeres, igual se han dado cuenta de que necesitan aprender sobre libertades e igualdades, y de ahí la necesidad de tal creación… si por ahí van los tiros, bienvenido sea (la esperanza es lo último que se pierde).
Cambiando de cartera, nos preguntamos (por no tirarnos de los pelos) cómo es posible que algunos nombres continúen en el sequito de José Luís Rodríguez Zapatero. Nos viene a la cabeza Magdalena Álvarez, única ministra de Fomento reprobada por el Congreso, y sigue al frente. Por cuestiones de tiempo no vamos a recordar sus escarceos con los socavones. Tampoco lo hay para adentrarnos en el fantástico piso del ministro de Justicia, Mariano Bermejo, pero sí para cuestionar que es normal que siga con su cargo, lo contrario sería un síntoma de debilidad de Zapatero.
En cuanto a los pesos pesados María Teresa Fernández de la Vega y Pedro Solbes se mantienen en la Vicepresidencia primera y segunda, respectivamente. De la primera no hay que preocuparse mucho, el mundo de la moda la tendrá entretenida, y del segundo ya se encargarán sus propios compañeros en hacerle la vida imposible, y si no que le pregunten al nuevo ministro de Industria, Miguel Sebastián.
Hablar de conflictos dentro del Partido Socialista nos deleita con otro de los nombramientos sorpresa: Carme Chacón, mujer embarazada al frente de Defensa. Por sí misma, es una medida en pro de la igualdad. De nuevo, nuestro presidente se centra en romper moldes y hacer historia, en lugar de centrase en la competencia y los intereses o necesidades de los españoles.
Sobre los ministros de Interior y Exterior podríamos hablar largo y tendido, probablemente lo haremos cuando el primero, Alfredo Rubalcaba, se vuelva a confundir en su gestión antiterrorista o cuando el segundo, Miguel Ángel Moratinos, vuelva a propiciar que su jefe se quede solo durante las próximas cumbres entre los máximos representantes de todo el mundo.
Continúan Bernat Soria y Elena Espinosa, salen Jesús Caldera y Cristina Narbona... Apenas han pasado unos días desde que se produjera el nombramiento del nuevo Gobierno y ya empiezan los problemas (atentos a la demagogia de Zapatero ante el problema del agua, por lo visto sólo ha hecho falta un cambio de términos del trasvase del Ebro para darlo como válido.
En fin, qué les vamos a contar. Esperemos que los errores cometidos durante la legislatura anterior sirvan de algo y así nuestro presidente no tendrá que volver a desearnos buena suerte. Tampoco pedimos tanto, sólo que se haga de la política un servicio, no un beneficio. En realidad nos da igual que haya más mujeres que hombres, o viceversa, en el Gobierno, lo que nos interesa realmente es que nos representen personas serias y profesionales y que trabajen para solucionar, en la medida de lo posible, los problemas que presenta hoy nuestra sociedad.
* Antonio Alarcó es senador por la isla de Tenerife